Conocimiento e historia de la ciencia

Heidelberg ha terminado los cursos de verano y tiene apenas 15 días sin actividades lectivas. Nosotros hemos asistido a los cursos sobre filosofía, ciencia y religión; y también a otro sobre teoría del conocimiento e historia de la ciencia, que han resultado sumamente interesantes.

Hemos aprovechado para hacer escapadas a Espira, Neckarsteinach, Worms y Neckargemünd. Son estupendos los paisajes y lugares que te puedes encontrar el Alemania. Lo tienen todo muy bonito. Conozco muchos países donde las ciudades tiene suburbios realmente jodidos, o al menos zonas más deprimidas. También zonas rurales más abandonadas. Es algo lógico. Sin embargo, me sorprende ver que aquí está todo tan cuidado. Hasta los polígonos industriales o las zonas del extrarradio de las ciudades, no tienen nada que ver con las que me he encontrado en Francia, Gran Bretaña, Italia, Bélgica, España… Me tienen alucinado estos alemanes.

Siempre había venido por viajes de trabajo, de unos días, donde te concentras en lo que haces y ves todo muy de pasada. Pero ahora, apreciando todo más en detalle, recorriendo sus carreteras en coche, ciudades pequeñas, muchos pueblos, zonas secundarias, charlando con la gente en momentos cotidianos, paseando por las zonas ignoradas para el turista, me doy cuenta del estilo de vida que llevan.

Me ha llamado la atención que los vecinos recriminan mucho los malos comportamientos del día a día, o el escaso cuidado de las cosas, tanto comunes como ajenas. Incluso en cosas que no les afectan directamente, que son de una persona extraña a ellos o a su familia, van a degüello en la crítica. Creo que eso hace que todo el mundo tenga más cuidado y todo se vea tan bien de puertas para afuera. Parece un lugar maravilloso para vivir, como de postal. No obstante, reconozco que vengo en verano y que todo el mundo me dice que, como soy español, no tengo ni idea de lo que son las continuas lluvias de octubre a junio, y los duros inviernos con heladas sobre heladas…

Los cursos han sido muy buenos pues permiten aprender mucho más sobre la correcta contextualización histórica de ciencia, creencia, magia y religión, así como sus grados de relación. Sorprende comprobar todo lo que se puede asimilar de especialistas de campos aparentemente tan alejados de la historia de la ciencia, como la filosofía y antropología contemporáneas, la espistemología, la semiótica, la psicología cognoscitiva, la sociología, la filosofía del lenguaje o la psicobiología. El objetivo es entender un poco mejor cómo conocemos nosotros y cómo creían conocer los hombres del pasado, algo que influye de manera definitiva en los escritos de cada época, ya sean científicos, mágicos o religiosos.

Por ejemplo, un hombre de la Antigüedad Tardía, como podía ser un antiguo alquimista griego; o un sabio de la Edad Media, o del Renacimiento, se sentaban pluma en mano convencidos de que, como hombres, eran seres excepcionales, creados por una mano divina, en un cosmos que tenía la tierra como centro y alrededor de la cual todo giraba. "La razón" era la prueba de su diferencia respecto al resto de "la creación", y además era el instrumento definitivo que le permitía alcanzar elevadas cotas de conocimiento sobre lo físico y lo metafísico. Llegaban así a plantear un estudio ontológico del ser, y de dios como principio y causa.

Sin embargo, hoy en día, los grandes pensadores que se sientan a escribir son conscientes de que la tierra es un punto inapreciable, en una pequeña galaxia que es un soplo en la inmensidad del universo. El hombre no es una creación divina, sino una evolución natural. Y la imagen que tenemos de nuestro mundo, depende de una percepción, la humana, que apenas es una manera en la que un cerebro interpreta estímulos sensoriales en función de su capacidad neuronal y del particular desarrollo sensorial de su especie.

Conociendo sus enormes limitaciones, los filósofos actuales como Paul Grice, Susan Haack, Agnes Heller, Marx Horkheimer, Bertrand Russell, Georg Klaus, David Kaplan, Mary Midgley, Maria Ossowska, Tadeusz Kotarbińsk, Thomas Kuhn, Imre Lakatos, Paul Feyerabend, Martin Heidegger, Ludwig Wittgenstein o David Kellogg Lewis reflexionan con profundidad y gran prudencia, lejos de visiones absolutas sobre conceptos teístas de un ser supremo. Tratan sobre la filosofía del lenguaje en el ámbito de la teoría del significado y de la comunicación; la pragmática lingüística; la ciencia cognitiva en general. Hay un gran esfuerzo en explicar el funcionamiento de la lógica y la estructura sobre la cual se levanta nuestro lenguaje descriptivo. Muchos de ellos intentan explicar la vida cotidiana como dimensión fundamental de existencia social; o el modo en el que la realidad percibida individualmente, aparece como evidente al ser compartida con otros semejantes que la experimentan de igual manera.

El concepto de dios, el pensamiento mágico, la superstición y los fenómenos religiosos son analizados a luz de la psicología cognoscitiva y la psicobiología, teniendo bien presentes las pautas del comportamiento humano.

Así han puesto de relieve que, por ejemplo, la racionalidad humana como capacidad que permite pensar, evaluar, entender y actuar conforme a ciertos principios de mejora y consistencia, satisface algún objetivo o finalidad, que normalmente es asimilar nuestro entorno para perdurar en él. Es un ejercicio sujeto a mejora continua, con una estructura lógico-mecánica diferenciable en dos tipos: el razonamiento intuitivo y el deductivo. Este último se aplica en diferentes grados, más o menos influido por elementos inductivos, siendo la lógica científica la que ofrece mayores garantías de validez en los postulados finales.

El tipo avanzado de razonamiento deductivo es el que el hombre, sobre todo el hombre de ciencia, ha creído utilizar siempre a lo largo de la historia. Sin embargo, hoy se sabe que la mayor parte de los razonamientos han venido y vienen de la rama intuitiva. Cuando el hombre se enfrenta a un problema o una cuestión, lo primero en aplicar es el llamado “sistema caliente” de razonamiento, que es impulsivo y emocional. Nos lleva a sacar deducciones por analogía o proximidad de una forma muy rápida. En general es un sistema altamente efectivo respondiendo a los dilemas propios de la existencia social de nuestra vida cotidiana. Se ha demostrado también que este sistema tiene siempre prioridad en nuestro cerebro porque consume mucha menos energía. Se trata de una cuestión biológica muy simple, pues un solo órgano, el cerebro, trabajando habitualmente con este sistema, ya consume una quinta parte de toda la energía diaria en un ser humano.

Sin embargo, a la hora de enfrentarse a cuestiones ajenas a sus relaciones sociales, más vinculadas a dilemas de la física o la cosmología, el “sistema caliente” lleva a conclusiones también rápidas, pero menos efectivas.

Por ejemplo, ante cualquier catástrofe natural o desgracia personal, el “sistema caliente” tiende a buscar siempre una intencionalidad. Es la respuesta innata en un ser hipersocial como el hombre. De un modo intuitivo desarrolla esa intencionalidad con elementos de proximidad y analogía, imaginando otro ser similar a él, y haciéndolo responsable de tales catástrofes. Surgen así en su mente seres, fuerzas o entidades con capacidades superiores que condicionan su existencia.

Es importante hacer notar que el concepto de un ser supremo, no se da hasta edades avanzadas, cuando el hombre, integrado y consciente del grupo social que forma, reflexiona sobre sucesos relativamente frecuentes, que afectan fuertemente a él o al grupo, y que superan sus capacidades: por ejemplo, una cosecha extraordinariamente buena, o un desastre natural. En el caso de los niños muy pequeños, su reflexión es muy básica e inmediata, y tales sucesos apenas llevan a personalizar una alegría o enfado con el hecho o el objeto en sí responsable de beneficio o daño.

Una cuestión muy interesante es el modo en el que ser humano adquiere consciencia de que existe en dos planos: el físico y otro que va más alla del cuerpo mismo. Esto es algo que la psicología cognoscitiva sí ha comprobado incluso en niños muy pequeños. Se ha confirmado que es una deducción analógica fruto de una reflexión sobre los sueños. El hecho de que el ser humano sienta su mente activa cuando el cuerpo está inactivo, generando todo tipo de emociones, lleva al niño a pensar en una existencia real en dos planos, incluso en edades muy tempranas. 

Seguramente el lector se preguntarán qué utilidad tienen este tipo de disciplinas en un cuaderno de notas sobre la alquimia y su historia. Lo cierto es que conocer la psicología cognitiva, la filosofía del lenguaje o la pragmática lingüística resultan muy útiles para interpretar adecuadamente muchos episodios de la historia de la alquimia que hoy caen en manos de la pseudociencia o el tradicionalismo. Por ejemplo, la iconografía alquímica, y antes que ella, el lenguaje particular del alquimista, fruto de observaciones personales de hechos absolutamente extraordinarios para la vida común de un hombre, como pueden ser las reacciones químicas presenciadas en sus laboratorios. El “sistema caliente” incide con particular fuerza aquí, al tratarse de un conocimiento eminentemente personal y autodidacta, donde la analogía y la proximidad condicionan las descripciones aportadas en los tratados. Es un campo fascinante sobre el que me gustaría insistir en los próximos meses.

Autor: José Rodríguez

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