El debate medieval sobre los materiales base del alquimista

La alquimia ha tenido cambios enormes a lo largo de su historia. Es algo común en todas las ciencias. Las mutaciones y vuelcos teóricos son propios de una ciencia que se modifica con el tiempo. Uno de los ejemplos paradigmáticos se da en Europa entre finales del siglo XIII y el XIV. Se trata de un vivo debate sobre las materias a partir de las cuales debe trabajar un alquimista.

La mayoría de tratados árabes, como los de Yābir y al-Rāzī, llegaron desde el siglo XII a Occidente sosteniendo la existencia de gran cantidad elixires, que se podían confeccionar a partir de todo tipo de sustancias: animales, vegetales o minerales. Los autores europeos del siglo XIII recogieron estas definiciones y catalogaron la alquimia entre las artes mecánicas de cierta utilidad[1]. Se solía presentar como una práctica manual, o una técnica, que requería cierta destreza y formación práctica. Sus conocimientos teóricos estarían subordinados a otras disciplinas consideradas superiores, sobre todo a la filosofía natural, la geometría (en los conceptos de dimensión, proporción y simetría) y la astronomía. Sébastien Moureau ha hecho una reflexión muy interesante sobre estos autores, pues aprecia que su interés radicaba en ofrecer acceso a información descriptiva antes que profundizar en su validez. Así pues, no entraban a cuestionar en profundidad las bases teóricas del ars alchemiae, sólo lo catalogaban[2].

Sin embargo, debido a sus fracasos experimentales, la alquimia va cayendo en el descrédito a medida que avanza el siglo XIII. Se desploma hasta tal punto que los alquimistas llegan a ser un paradigma del estafador en la literatura bajomedieval de toda Europa[3].

La respuesta en los textos redactados en ese momento consiste en defender la existencia de un único elixir verdaderamente poderoso, muy raro y difícil de obtener para el común de la gente[4]. Se prepararía a partir del mercurio, siguiendo una recomendación que pocos años atrás había hecho el anónimo autor de la Summa perfectionis pseudo-geberiana[5].

El autor latino que redactó esta Summa hizo una refutación de los textos árabes, sobre todo los jabirianos, que eran los grandes divulgadores de la pluralidad de materias animales, vegetales y minerales[6]. Para conseguir su objetivo tomó como modelo el Liber septuaginta de Yābir Ibn Ḥayyān y escribió un nuevo tratado donde aboga por centrarse en el reino mineral[7]. Afirma que sólo las materias minerales bastarían para lograr muchos elixires, que clasifica en tres órdenes o grados. El primero produciría sólo cambios superficiales en el metal; el segundo obraría un cambio real con algunas diferencias respecto a las propiedades físicas respecto al modelo deseado; y el tercero otorgaría a un metal vil todas las propiedades del noble[8]. Finalmente el autor de la Summa remata recomendando que su lector busque un tipo especialísimo de elixir, más poderoso que ninguno, confeccionado sólo a partir del mercurio como materia principial. Esta teoría “de mercurio solo” es la que adoptarán Gasteboys y la gran mayoría de alquimistas del siglo XIV en adelante[9].

El anónimo autor de la Summa perfectionis no hizo una refutación lógica, en un sentido filosófico clásico, rebatiendo a Yābir punto por punto. Él era consciente del grado de extrema autoridad de este personje y evitó polemizar con sus doctrinas. Lo que hizo fue poner bajo su nombre, Geber (=Yābir), una defensa a ultranza de las materias minerales. Este tipo de refutación pseudoepigráfica permite a posteriores lectores reinterpretar los auténticos tratados jabirianos, que hablan abiertamente de una pluralidad de materias, dicendo que el propio Yābir, en la Summa perfectionis, limitaba la acción a los minerales.

La visión pluralista de materias venida del mundo árabe y que domina los textos latinos del siglo XIII, sería poco a poco apartada por la idea de una única materia, el mercurio, promocionada como mejor y con más posibilidades de éxito. Además, según esta concepción, la mala imagen profesional del alquimista en ese momento (ca.1300) era culpa de charlatanes o de malos artífices, poco instruídos, que elaboraban elixires “menores”, cuyo efecto era breve o se disipaba a medio plazo. Veremos a lo largo de los siglos XIV y XV un enorme esfuerzo de justificación, centrándose cada vez más en un elixir único y misterioso[10], hablando de su rareza extrema, hasta el punto de reclamar una inspiración divina para conseguirlo, y exigiendo una reinterpretación de los textos anteriores de manera metafórica. Los textos claves serán el Flos florum (1298) [inc. Cum ego divina voluntate…] docenas de veces plagiado entre 1300 y 1400, el pseudoarnaldiano Rosarium philosophorum [inc. Iste namque liber…], el Testamentum y Codicilo pseudolulianos, los tratados de John Dastin y los de Bernardo de Tréves.

El efecto de este cambio teórico en la alquimia es evidente comparando textos europeos de los siglos XIII y del XV. Nada tiene que ver conceptualmente un Liber Secretorum Alchimie (ca.1257) de Constantino de Pisa, con The Compound of Alchymy (1471) de George Ripley; o el Ars alchimiae (ca.1230) de Miguel Escoto, con el Ordinal of Alchemy (1477) de Thomas Norton.

[1] Sobre la alquimia que reciben los europeos de fuentes árabes: ANDRÉE COLINET, (1996), “Alchimie antique et médiévale avant 1300. Mystères et réalités”, en: J. F. Stoffel (éd.), Le réalisme. Contributions au séminaire d’histoire des sciences 1993-1994, Brepols, Turnhout, pp. 51-70. Sobre la catalogación de la alquimia en la Baja Edad Media: JEAN-MARC MANDOSIO, (1990-1991), “La place de l’alchimie dans les classifications  des sciences et des arts à la Renaissance”,  Chrysopoeia , 4,  pp. 199-282. MARIE-CLAUDE DÉPREZ-MASSON, (1998), “L’alchimie dans les encyclopédies du XIII e  siècle: Vincent de Beauvais  et  ses  confrères”, en: B. Baillaud, J. de Gramont et D. Hüe (dir.), Encyclopédies  médiévales,  discours  et  savoirs, Éditeur Presses universitaires de Rennes, Rennes, pp. 117-142. SÉBASTIEN MOUREAU, (2012), “Les sources alchimiques de Vincent de Beauvais”, Spicae : cahiers de l’atelier Vincent de Beauvais, nouvelle série, 2(1), pp. 5-118.

[2] Ibíd., p. 40: “Je termine cette étude par une constatation adventice, qui aurait plus sa place dans un essai que dans un article scientifique. L’observation des méthodes de Vincent de Beauvais et des erreurs de cohérence dans son ouvrage m’a porté à constater  une  proximité  entre le  mouvement  des  encyclopédistes du XIII e  siècle et le mouvement actuel d’expansion débridée de l’informatique et de l’Internet. L’accès à l’information étant devenu encore plus aisé qu’auparavant, on observe en effet,  en  particulier auprès des étudiants universitaires (nés avec cette facilité d’accès à l’information), une propension certaine à la juxtaposition d’informations: de nombreux travaux  sont souvent une succession d’extraits plus ou moins remaniésgénéralement tirés d’ouvrages à  disposition sur le site de Googlebooks, parfois sans aucune considération pour le contexte initial des informations, voire sans souci d’homogénéité. L’analyse prend ainsi de plus en plus de place, et la synthèse s’efface, rompant l’équilibre entre ces deux facultés qui est pourtant un des buts les plus importants, sinon le but le plus important des études universitaires. Ce système m’apparaît en plusieurs points similaire à ce que l’on observe dans la démarche des encyclopédistes du XIII e siècle: Vincent de Beauvais met en parallèle des extraits de texte en les sortant de tout contexte, et propose ainsi des informations brutes, sans donner au lecteur les éléments suffisants pour les  comprendre pleinement. Faciliter l’accès à l’information brute est au centre de leur entreprise”.

[3] W.H.L. OGRINC, (1980), “Western Society and Alchemy from 1200 to 1500”, Journal of Medieval History, 6, pp. 103-132. BARBARA OBRIST, (1986), “Die Alchemie in der mittelalterlichen Gesellschaft”, en: Christoph Meinel (ed.), Die Alchemie in der europäischen Kultur- und Wissenschaftsgeschichte, Otto Harrassowitz, Wiesbaden, pp. 33-59. ALFREDO PERIFANO, (2011), “Dante et l’alchimie dans les commentaires à la Comedia du XIVe au XVIe siècles”, Studi danteschi, 76, pp. 47-79.

[4] La profesora Michela Pereira ha estudiado el concepto de elixir en textos claves de la alquimia medieval. Encuentra autores más antiguos, que hablan de muchos elixires, confeccionados con todo tipo de sustancias, frente a otras plumas que limitan el campo de actuación a los minerales, y a un único elixir como verdaderamente óptimo. M. PEREIRA, (1995), “Teorie dell’elixir nell’alchimia latina medievale”, Micrologus, 3, pp. 103-148.

[5] WILIAM R. NEWMAN, (1993), “L’Influence de la Summa perfectionis du pseudo-Géber”, en: J. C. Margolin & Sylvain Matton (eds.), Alchimie et Philosophie à la Renaissance, J. Vrin, París, pp. 65-77.

[6] Para una relación de todas las materias recomendadas por el auténtico Yābir árabe, véase : PAUL KRAUS, (1942) Jabir Ibn Hayyan. Contribution á l’historie des idées scientifiques dans l’islam. Jabir et la science greque, Impresiones de la I. F. A. O., El Cairo, pp. 1-20.

[7] WILLIAM R. NEWMAN, (1986), The Summa perfectionis and Late Medieval Alchemy. A Study of Chemical Traditions, Tecniques, and Theories in the Thirteenth-Century Italy, 4 vols., tesis doctoral editada parcialmente, Harvard University. Sobre la inspiración del autor en el Liber septuaginta, cf. íd., t. II, pp. 171-195.

[8] Se explica muy bien en: WILIAM R. NEWMAN, (1993), “L’Influence de la Summa perfectionis du pseudo-Géber”, (óp. cit.), p. 67: “Une médecine du premier ordre est celle produit simplement un changement superficiel, au niveau qui d’une illusion. Un bon exemple en serait la production de laiton par addition de tu thie de cuivre. Un tel produit frauduleux peut être aisément détecté au en de la coupellation ou de la cémentation. Une médecine du second ordre, en produit seule- est une médecine qui accomplit un réel changement, mai ment l’une des différences spécifiques d’un métal noble: absence de terrestréité, cou jaune ou blanche, non-volatilité, point de fusion et poids de l’or ou de l’argent. Le processus de calcination, qui brûle le soufre non fixé d’un métal mais laisse changées les autres différences spécifiques, constitue un bon exemple d’un change- ment du second degré. Enfin, une médecine du troisième degré est une médecine qui produit un changement réel en ce qui concerne toutes les différences spécifiques d’un métal vil, le convertissant en or ou en argent véritables La théorie gébérienne des trois médecines, bien que fondée sur de vagues allu sions trouvées dans le Liber septuaginta de Jabir ibn Hayyan, est immédiatement distinguable sous plusieurs rapports de celle de ce dernier. Tout d’abord, de Liber septuaginta se réfère bien à trois ordres, mais ceux-ci ne diffèrent qu’au regard de la quantité de métal qu’un agent transmutatoire peut changer en or ou en argent. Ensuite, pour Jabir une médecine du troisième ordre est la plus faible des trois, n’é tant capable de transmuter qu’un centième seulement du métal que peut transmuter une médecine du premier ordre: la Summa perfectionis renverse cette hiérarchie, fai sant d’une médecine du premier ordre la plus faible, et d’une médecine du troisième ordre la plus puissante”.

[9] Íd., p. 67: “…grande innovation de la Summa consiste en ce que Lynn Thorndike appelait la théorie du mercure seul Thorndike rencontra cette théorie chez des auteurs du XIVe siècle tels que John Daston, Bemardus Trevirensis et Petrus Bonus, et la qualifia de «théorie de la transmutation prévalente aux XIVe et xve siècles Pour reprendre les termes de Thorndike, la théorie du “mercure seul” consiste dans la croyance que le vif-argent est la médecine des métaux, let quel le soufre étranger ou commun est la cause de leur imperfection Ce vif-argent est supposé contenir en ui-même son propre souffre: c’est ce soufre «inteme» qui permet au mercure de se congeler en un métal parfait”.

[10] BARBARA OBRIST, (1993), “Les Rapports d’Analogie entre Philosophie et Alchimie Médiévales”, en: Alchimie et Philosophie à la Renaissance, (óp. cit.), pp. 43-64. Íd., (1996), “Art et nature dans l’alchimie médiévale”, en: Revue d’histoire des sciences, 49, pp. 215-286. MICHELA PEREIRA, (2012), “Paolo di Taranto al crocevia dell’alchimia medievale”, en: I francescani e le scienze: atti del XXXIX Convegno internazionale: Assisi, 6-8 ottobre 2011, CISAM, Spoleto, pp. 141-200, cf. p. 171: “…dall’insistenza sull’unica via e sull’unica materia (la dottrina del ‘mercurio solo’), che proprio a partire dall’accettazione della ‘via migliore’ proposta nella Summa emergerà negli scritti del primo Trecento sull’elixir, diventando poi un Leitmotiv di moltissimi testi alchemici posteriori, anche di quelli più tradizionalmente metallurgici, che al nome di ‘Geber’e ai contenuti della Summa continueranno a riferirsi fino in età rinascimentale e oltre”.

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Autor: José Rodríguez

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