La interpretación de los textos alquímicos por aficionados al tema

La alquimia es misteriosa porque no se estudia de una forma seria, ordenada y disciplinada. Para entenderla basta con aplicar un método de crítica histórica y científica, igual que se hace con otras ciencias, ya sean naturales, sociales o formales. Así vemos trazarse una evolución en sus teorías y conceptos, que da sentido a todos tus tratados. Se revela entonces una disciplina extraodinariamente variada en su teorías, dada a constantes mutaciones, dispar, complicada, diversa, llena de matices según el autor y la época que escojamos.

Tomar todo el conjunto de la literatura alquímica, e interpretarla como un tótum revolútum genera una caos total, que impide entender nada. Es lo que hace la mayoría de la gente que se aproxima a este campo. Es algo lógico, ya que no es normal aprender latín, o paleografía, o adentrarse en los criterios básicos de la historia de la ciencia, para poder tratar un texto antiguo con herramientas competentes.

Lo habitual es encontrar un aficionado al tema, más o menos radical, que ha hecho un intento personal de teorización general del proceso alquímico, normalmente por medio de tratamientos apriorísticos de los textos. Compra traducciones modernas. Descarga transcripciones de Internet y las estudia tal cual le llegan. Debate en foros de alquimistas contemporáneos, tan perdidos como él mismo. Intenta reproducir lo que cree entender en un laboratorio montado en su garaje, o medita en una habitación de su casa mientras busca una iluminación espiritual. En definitiva, adapta a su visión subjetiva aquello que le interesa, con un examen de los textos caótico, a retazos, paralelo, simultáneo, sincrónico, en apuntes, eligiendo obras muy concretas, relatos parabólicos, frases sueltas o pequeños fragmentos, todo ello descontextualizado.

Aún operando así, estos aficionados se topan con la imposibilidad de dar una coherente explicación de conjunto del fenómeno alquímico a lo largo de los siglos. Su solución es diferenciar entre “alquimia verdadera” y “alquimia falsa”, entre lo que se podría ajustar a los sus aprioris personales y aquello que por mucho malabarismo les resulta imposible abordar. Esa división final entre “lo bueno” y “lo malo”, propia de un niño perdido en un mundo que no entiende, está en las antípodas de un hombre de ciencia trabajando con objetividad en el respeto a las fuentes. Es el testimonio de su incapacidad para dar con un método fiable que proporcione respuestas de conjunto, ordenadas y reflexivas al complejo universo de la alquimia y sus protagonistas.

Esta forma de operar, indiscriminada en la síntesis y generalizadora en los resultados, sólo se sostiene por increíbles piruetas analógicas realizadas a partir de los elementos más heterogéneos. Se articula por arbitrarios modos seudocientíficos, como la intuición, la libre asociación o el razonamiento selectivo. Los comentarios de esta gente se mueven entre los más distantes paralelos, y saltan entre los meridianos más opuestos sin inmutarse. Creen avanzar estableciendo una ecuación alquímica universal entre las disciplinas más dispares y mezclando autores de todos los períodos histórios . Verdaderamente da vértigo intentar seguirles en sus juicios de valor a través de horizontes tan inmensos y alejados.

Al final se trata de supeditar lo alquímico a una visión personal, con el fin de intentar demostrar de alguna forma su opiniones de talante diacrónico y transcultural. La alquimia es para todos ellos un campo abonado de símbolos, fácilmente manipulable por medio de procedimientos ya remarcados. Bajo este sistema acrítico consiguen todo. Basta un símple busqueda en Google para echarte las manos a la cabeza. Unos aficionados destilan rocío y queman antimonio buscando el elixir misterioso; otros te dicen que la alquimia era una “práctica espitual”; otros que deben transmutar su propia alma y no los metales; otros que es una “superciencia extraterrestre”, y otros más que es un “amor mágico” o “alquimia sexual”.

Todos imponen su propio juício por encima del manifestado por el alquimista a analizar. En fin, si algo resalta a primera vista y con gran relieve, es un montaje y esquematización de lo alquímico en el molde previo de sus puntos de vista personales, donde la pauta es la captación y orientación a su antojo de la materia alquímica sobre la que operan.

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Autor: José Rodríguez

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