Londres

Soy un tío muy raro, esa es la verdad. La felicidad más prosaica y elemental para mi no está en la playa, ni en un buen coche, ni en pasar un día de fiesta de copa en copa. La felicidad más simple es para mi esto que se ve en la imagen: un día de lluvia, una biblioteca llena de textos alquímicos, y un buen taco de manuscritos polvorientos, de esos que nadie toca hace décadas y décadas por su rareza, a los que hincaré el diente durante todo el día.

Para vivir ese momento especial en su esplendor me voy a Inglaterra. Todos los años paso al menos una semana en Londres. El motivo es muy simple: es un paraíso para alguien enamorado de la historia de la alquimia. Hay literalmente miles, si, digo miles de documentos dedicados a este tema entre los fondos de varias de sus instituciones públicas y privadas. Y aquí estaré, entre Londres y Oxford, varios días reuniendo datos sobre sobre otro de mis alquimistas del siglo XIV, John Dastin, que me tiene fascinado desde hace muchos años.

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Autor: José Rodríguez

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